Lo que exige la normativa
R129 establece que un niño no puede viajar en el sentido de la marcha antes de los 15 meses. Es un mínimo legal, y las sillas lo reflejan: muchas indican que el uso hacia delante solo se permite «a partir de 15 meses o 76 cm».
Conviene leerlo como lo que es: el momento más temprano permitido, no el momento recomendado para cambiar.
Por qué la contramarcha protege más
En un impacto frontal, el cuerpo tiende a seguir avanzando. Si el niño va de cara a la marcha, el arnés retiene el tronco y la cabeza sale disparada hacia delante, con toda la carga concentrada en el cuello.
A contramarcha ocurre lo contrario: el respaldo de la silla acompaña el movimiento y reparte la fuerza por toda la espalda, la nuca y la cabeza a la vez. La diferencia es especialmente relevante en los primeros años, cuando la cabeza representa una proporción muy alta del peso corporal y la musculatura del cuello aún es débil.
Hasta dónde puedes llegar en la práctica
El límite real lo marca la silla. Muchas sillas de 40 a 105 cm permiten contramarcha en todo su rango, es decir, hasta aproximadamente los cuatro años. Algunas admiten hasta 20 kg a contramarcha, de modo que es la altura y no el peso lo que acaba marcando el cambio.
En cambio, varias sillas evolutivas de 40 a 150 cm limitan la contramarcha a los 75 cm. No es un defecto oculto: está en su ficha. Pero es exactamente el dato que hay que mirar si esta orientación te importa.
Las dudas habituales
«Va con las piernas dobladas». Es normal y no es un problema: los niños toleran esa postura sin dificultad y apoyan los pies en el respaldo del asiento. Las piernas no son motivo para dar la vuelta a la silla.
«Se marea o protesta». Suele resolverse ajustando el reclinado o dándole algo que mirar, y mejora con la costumbre. «Ya es muy grande»: mientras esté dentro del rango de altura y peso de su silla, sigue siendo la opción más protectora.


